Los Sueños de Piedra

Caminando en medio de una espesa Niebla

Niebla

Tal vez Borges exageró cuando, ya siendo un conocido aunque joven escritor, dijo que Unamuno es el primer escritor en su (nuestra) lengua. En cualquier caso la exageración es lo suficientemente decidora como para ponernos en disposición de dedicarle al escritor español algunos momentos de lectura. Su obra es muy variada pero no se caracteriza por su longitud; una novela (término, como veremos, impertinente si hablamos de Unamuno) nos tomará pocas tardes, lo mismo que su tratado filosófico más reconocido: “Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y los pueblos”.

Vamos a situarnos en 1914, Miguel de Unamuno cuenta ya 50 inviernos. Aparece “NIEBLA”, una de sus principales creaciones literarias. La trama, en principio, no es complicada: un hombre maduro pero soltero vive en la casa que ha heredado de su madre, fallecida hace unos meses y que era poco más o menos la mujer central en la vida de este personaje. Augusto, que así se llama el actor principal, se enamora de una muchacha joven, de carácter decidido y atractiva. Con motivo de conquistarla se acerca a su casa y logra establecer una amistad con los tíos de la muchacha, quienes desde la muerte de sus padres se han hecho cargo de ella. Hay que aclarar que  la muchacha, Eugenia Domingo del Arco, tiene una relación con otro joven, con el cual no se ha casado porque él no trabaja y parece no tener mayor intención de hacerlo. Sobre ella pesa una dura deuda que Augusto generosamente se apresta a cancelar, lo que termina por comprometer (no sin rodeos y giros) a la muchacha con su benefactor. Con las cartas así repartidas ocurre el desenlace (¿fatal?); quien quiera conocerlo, que vale la pena, tendrá que acercarse a la biblioteca más cercana. 

cruz religión unamuno niebla neblina

La trama así contada no parece registrar novedades, sin embargo hay que prestar mayor atención. Pues el relato está todo envuelto en una niebla, que lo torna impredecible, oscuro de claridad, misterioso, inaprensible. Las cosas, los personajes, y las cosas de los personajes tienen límites difusos, no siempre reconocibles. Y si tal ocurre con ellos, más pasa con sus ideas. ¿En qué piensan los personajes de Niebla? Sin duda en las fronteras de la realidad, en los momentos que la Realidad se afirma o se desvanece, se tambalea o se asienta: la duda, encadenada a la fe como su alimento, y ésta última encadenada a Dios como su finalidad, y éste a la inmortalidad, y ella al amor. Ese círculo se desliza, en medio de la niebla, para el lector por medio de diálogos cortos y reflexiones silenciosas (monólogo interior); de él, como restos que no se pueden eliminar, emergen la razón y la actitud pesimista u optimista frente a la vida. Cabe indicar que no son otros los ingredientes que conforman la filosofía de Unamuno, una desconfianza en la razón y una confianza ciega en la fe. En una fe que permita crear a, y por ende creer en, Dios. Todo esto justificado en la que sería nuestra inherente hambre de inmortalidad, nuestra esencia de ser siempre uno y continuado. Unamuno busca aliarse con Kierkegaard en lucha contra Hegel, Kant y la ciencia. No se equivoca quien encuentra en Unamuno una reelaboración quasi-filosófica del catolicismo, sobre todo teniendo en cuenta que otras religiones y pensamientos no religiosos ya han tenido para esta época diversos desarrollos (no menores). Amor, dolor, compasión y personalidad; fe, esperanza y caridad; pasión, moral, quijotismo y ensueño: todos estos son los building blocks de la filosofía religiosa e hispanizante de Unamuno. (No es el tema pero quizás en el futuro convenga discutir sobre los puntos de vista destacados en este cuerpo teórico, como la crítica a la omnipresencia de la razón; y sobre los puntos flacos del mismo, como la propuesta de enclaustramiento para España, la defensa de la Reconquista, el repudio al Renacimiento por aniquilar a la católica Edad Media, el odio a la Reforma, y a la hija del Renacimiento y la Reforma: la Revolución; el desprecio de lo no español, etc.)

Pero basta de esos temas y de vuelta a la nivola. Porque no es otra cosa la narración de que venimos hablando. Expliquémonos: dijimos más arriba que el círculo o trenza que se forma con los elementos límite de la Realidad nos llega a nosotros, difuminadamente, a través de los diálogos y monólogos de los personajes nivolescos. Y en esto hay capital importancia, pues según el propio Unamuno, en alguna parte: “El lenguaje es el que nos da la realidad, y no como un mero vehículo de ella, sino como su verdadera carne, de que todo lo otro, la representación muda e inarticulada, no es sino esqueleto.” La explicación de lo que es un nivola, pues, le corresponde a uno de sus personajes, y de ese modo somos invitados a participar en un bucle, en una narración autorreferencial, de la cual nosotros como lectores participamos envueltos en una jerarquía extraña (Víctor (un amigo de Augusto), Miguel de Unamuno, Lector). La escena que reproducimos a continuación ocurre entre Víctor y Augusto, además cabe indicar que Augusto tiene un perro, Orfeo, a quien le cuenta normalmente su día cuando este finaliza. Comienza Victor, un escritor:

– Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cojí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.

– Sí, como el mío.

– No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

– ¿Y hay psicología?, ¿descripciones?

– Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada.

– Eso te lo habrá insinuado Elena, ¿eh?

– ¿Por qué?

– Porque una vez que me pidió una novela para matar el tiempo, recuerdo que me dijo que tuviese mucho diálogo y muy cortado.

– Sí, cuando en una que lee encuentra con largas descripciones, sermones o relatos, los salta diciendo: ¡paja!, ¡paja!; para ella sólo el diálogo no es paja. Y ya ves tú, puede muy bien repartirse un sermón en un diálogo…

– ¿Y por qué será esto?…

– Pues porque a la gente le gusta la conversación por la conversación misma, aunque no digas nada. Hay quien no resiste un discurso de media hora y se está tres horas charlando en un café. Es el encanto de la conversación, de hablar por hablar, del hablar roto e interrumpido.

– También a mí el tono del discurso me carga…

– Sí, es la complacencia del hombre en el habla, y en el habla viva… Y sobre todo que parezca que el autor no dice las cosas por sí, no nos molesta con su personalidad, con su yo satánico. Aunque, por supuesto, todo lo que digan mis personajes lo digo yo…

– Eso hasta cierto punto…

– ¿Cómo hasta cierto punto?

– Sí, que empezarás creyendo que los llevas tú, de tu mano, y es fácil que acabes convenciéndote de que son ellos los que te llevan.

– Es muy frecuente que un autor acabe por ser juguete de sus ficciones…

– Tal vez, pero el caso es que en esa novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.

– Pues acabará no siendo novela.

– No será… será, nivola.

– Y ¿qué es eso, qué es nivola?

– (…) Pues así con mi novela, no va a ser novela, sino… ¿cómo dije?, navilonebulo, no, no, nivola, eso es, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que dergoa las leyes de su género (…) Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!

– ¿Y cuando un personaje se queda solo?

– Entonces… un monólogo. Y para que parezca algo así como un diálogo invento a un perro a quien el personaje se dirige.

-¿Sabes, Victor, que se me antoja que me estás inventando?…

– ¡Puede ser!

Aquí yace insinuado lo que ocurrirá al final de la nivola. No conviene adelantarlo.

Para quien se haya sentido atraído, dejamos los siguientes enlaces de esta corta nivola, que pueden leerse uno en cada tarde, noche o mañana, completando así la historia en poco tiempo:

(Mi recomendación personal es dejar los prólogos para el final)

Prólogo por Victor, Post-prólogo por Unamuno y otro Prologo o Historia de Niebla por Unamuno

Capítulos I-V

Capítulos VI – X

Capítulos XI – XV

Capítulos XVI – XX

Capítulos XXI – XXV

Capítulos XXVI – XXX

Capítulo XXXI – Final.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

Únete a otros 52 seguidores

Estadísticas del sitio

  • 25,857 visitas

Temas

Woodbine

An experimental hub in Ridgewood, Queens for developing the skills, practices, and tools for building autonomy in the Anthropocene.

Modern Clicks

La web de Carlos A. Scolari (@cscolari)

Angelus Novus

Über den Engel der Geschichte und mehr

Elsye Suquilanda

writer, film maker, performance artist

Fractal Ontology

refracting theory: politics, cybernetics, philosophy

participatory sense-making

the enactive approach to intersubjectivity

Stephanie Newman

Stephanie Newman

The Catjects Project

"Jeder soziale Kontakt wird als System begriffen." (Niklas Luhmann)

A %d blogueros les gusta esto: